Entrando en lo desconocido

May 12, 2026

“Toda la noche en mi cama busqué a la persona que mi corazón ama; Lo busqué pero no lo encontré.” Cantar de los Cantares 3:1-4

Cuando conocimos a Jesús como nuestro Salvador fue porque nos fue revelado por el Padre a través del Espíritu Santo. Como escribe Juan Evangelista, “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Vimos su gloria, la gloria del Hijo uniunigénico del Padre, lleno de gracia y verdad.” Lo que estaba fuera de nuestro alcance se acercaba. Lo invisible quedó al descubierto. Así es como comenzamos nuestros primeros pasos de fe: caminamos en la luz como Él en la luz.

Y, sin embargo, hay un lugar más allá de la comprensión que requiere una brújula diferente a la que nos hemos acostumbrado. Sigue siendo nuestro destino último en Cristo, el lugar donde nos espera la unión con el novio.

Cuando el Señor parece lejano, a menudo es una ilusión nacida de las limitaciones de nuestra percepción natural. Prometió no dejarnos ni abandonarnos nunca. ¿Por qué entonces la seguridad de la fe con la que comenzamos a veces parece flaquear? ¿Por qué la confianza de conocer a Cristo parece decaer bajo la sombra de la incertidumbre?

Amado, no tengas miedo. Llega un momento en que debemos dejar atrás marcos y ritmos familiares y entregarnos al silencio de Dios. Es allí, más allá del alcance de la razón y la certeza sensorial, donde el espíritu se eleva hacia la desconocida e inefable residencia de Dios. En ese santo desconocimiento, la fe ya no se sostiene por la vista o el sentimiento, sino solo por el amor. Y allí, oculta con Cristo, el alma descubre que Aquel que parecía distante estaba más cerca que la vida misma.

Compartir esta reflexión

Lecturas recomendadas

Ver todos los recursos de pearl