
Mientras el mundo continúa su trayectoria descendente hacia la anarquía claramente predicha en las escrituras, hay un poste de amarre del Cielo en medio de la tormenta—un ancla segura para la Novia mientras está en la tierra. Pero no podemos aferrarnos a esta provisión divina ni descansar en su silencio gubernamental, mientras seguimos frenéticos con la retórica disonante que proviene de los pilares de la construcción humana. Es el silencio lo que precede al gobierno de Dios, no los decretos de una reina reprobada que aparece como una Novia pero cuyos pies están en la montaña equivocada.

